Problemas y temas emergentes en el estudio del trabajo en América Latina

En este contexto, el estudio del trabajo asume como objetivo central entender las características de esta nueva configuración social desde la centralidad que cobra la relación del trabajo con la vida misma. Este objetivo de parte de los estudios del trabajo se vuelve una compleja encrucijada en el comienzo del siglo XXI, ya que la introducción de importantes transformaciones en el mundo de trabajo ha generado una importante discusión sobre el presente y el futuro de la seguridad y el bienestar social así como de la erosión de los sistemas de protección social, la creciente incorporación de la fuerza de trabajo femenina al mercado laboral, la introducción de nuevos cambios tecnológicos y la incorporación de la robotización de procesos de trabajo.

A nivel global se expresan distintas lecturas con respecto al “futuro del empleo”, las cuales atraviesan tan complejos temas como las “políticas de empleabilidad”, el dilema de la integración/desintegración social, la movilidad laboral y la migración, las desigualdades y roles de género en el trabajo (remunerado y no-remunerado), etc., dibujando los contornos de una “nueva cuestión social” ligada al trabajo en la actual dinámica de interrelación mundial. A la par se identifica un debate respecto al concepto mismo de trabajo así como al rol del estado,los modelos de estados de bienestar y desarrollo, las llamadas economías alternativas, la crisis de las democracias y la dependencia de la inversión privada como ejes de un conflicto en el campo de “lo político” y “lo social”.

Es “el trabajo” (o el concepto mismo de trabajo) el que se encuentra abriendo debates respecto a la sociedad, sus condiciones de existencia y sus posibilidades de reproducción. No estamos frente al “fin del trabajo” (Rifkin 1996), sino frente a un nuevo escenario de definición acerca del sentido y la función del del trabajo, abriéndose nuevamente  la posibilidad de generar debates sociológicos y sociales guiados por el conocimiento de su campo de estudio. La plausibilidad de encontrar un eco en los demás estudios de las ciencias sociales está sujeto a una comprensión holística, dialógica y epistemológica de los cambios en el capitalismo.

Un buen ejemplo de estos dilemas se visualizan en los llamados “estudios sindicales”. Como ya lo ha reconocido la literatura internacional, los cambios introducidos por la precarización han implicado un profundo impacto en las posiciones y repertorios tradicionales del sindicalismo, lo cual ha invitado a diversificar los marcos teóricos y metodológicos para la comprensión de este problema. Ya es común el diagnóstico acerca de que estos cambios son procesos históricos cíclicos, los cuales se caracterizarían por una visión dicotómica de la realidad sindical sustentada entre la crisis y la revitalización (sindical).

Esta visión no ha logrado escapar a la temporalidad fotográfica del presente y analizar en términos históricos los cambios organizacionales, simbólicos y políticos. Un análisis de este tipo requiere integrar epistemológicamente estas tendencias en el marco de los procesos sociales contemporáneos de subjetivación, reproducción, luchas y precarización de las sociedades capitalistas.

En otro foco de estudio del trabajo, las relaciones laborales parecen apuntar a procesos de erosión y debilitamiento de las herramientas de negociación y acción de los trabajadores, especialmente pensando en los procesos de reformas laborales, los cuales son parte de una tendencia global de ajuste. En este caso, la institucionalidad no puede ser entendida sólo como un aparato reificado y sacralizado o desde el punto de vista de un imperativo normativo, sino que más bien es necesario considerar el proceso de institucionalización laboral como un proceso de objetivación que está inserto dentro de una lucha, una disputa social por el gobierno y el poder. Las relaciones laborales y su expresión legal estarían sujetas a contextos, relaciones sociales, territorios y a una economía de las prácticas que las (re)producen y tensionan de manera permanente, en donde la lucha entre las clases y actores pone en juego la delimitación de sus contornos y fija sus posibilidades de cambio o conservación.

Por otra parte, podemos considerar el estudio del trabajo atípico, precario, tercerizado e informal (Neffa, 2010; Basualdo y Esponda, 2014). Esta heterogeneidad de formas de expresar la precarización del trabajo y la pérdida de su estatuto de seguridad van acompañados de nuevas dinámicas productivas a nivel global. La precariedad se ha introducido como una de las discusiones más importantes en los estudios del trabajo en lo que va del Siglo XXI, ya que se le identifica como síntoma de una nueva disposición en la relación entre capital y trabajo. Al mismo tiempo, este proceso involucra una reinvención de las formas de producir en diversas escalas y unidades económicas. Por último, la precarización involucra una serie de consecuencias que escapan al espacio de trabajo y ahondan en esferas más amplias de la vida social.

En resumen, todas estas transformaciones van generando zonas de expulsión del trabajo seguro, estable y protegido, reordenando la estructura y el funcionamiento de los mercados del trabajo en las sociedades contemporáneas. Esta nueva estructura emergente involucra cambios en la relación de dependencia salarial, la emergencia de trabajos atípicos, la flexibilización laboral y una nueva ola de trabajos sujetos a la informalidad así como una (re)configuración del “sujeto-trabajador(a)” y su subjetividad. La precariedad del trabajo toma mayor relevancia para entender la actualidad de las relaciones de producir y reproducir la sociedad, lo cual cobra especial relevancia para el estudio y la investigación de la realidad latinoamericana.

En la actualidad, reducir el estudio del trabajo al estudio del empleo asalariado es cercenar la complejidad de las formas de producir y transformar la naturaleza que coexisten y han coexistido históricamente en la conformación de lo que entienden distintas disciplinas por <<América Latina>>. Como ha sido ampliamente estudiado, sus particularidades socio-históricas se encuentran ligadas a la presencia y persistencia de sociedades y de culturas indígenas, las formas y violencias de la conquista colonial, las estrategias esclavistas, el racismo, las haciendas y las grandes plantaciones, la estructura patriarcal de la propiedad y de las relaciones sociales, la religiosidad católica y su hibridez, la introducción y dependencia de proyectos extractivos, y la proliferación de formas periféricas de industrialización y asalarización.

Considerar estas particularidades, entre otras tantas más, involucra una distinción sustancial para el estudio de las relaciones de producir y reproducir la vida, la cual consiste en dar cuenta de una heterogeneidad económica, estructural y cultural en América Latina a través de sus expresiones en el mundo del trabajo. Esta distinción puede ser observada en la diferencia entre: 1) El “empleo”, como las prácticas y condiciones en que se desarrolla un vínculo salarial dependiente en un mercado laboral específico; y 2) el “trabajo”, como la heterogeneidad de las relaciones, sentidos y actividades de producción y reproducción social vinculadas a la actividad de producir, ya sea bienes tangibles o servicios intangibles, en dinámicas salariales o no.

Esta distinción conceptual que fue propuesta por los nuevos estudios del trabajo en América Latina, la que debe tributo principalmente a las tradiciones inglesas (Labour v/s Work), los debates sobre informalidad del trabajo (Neffa, 2010) y a las discusiones centradas en el reconocimiento del trabajo no-remunerado (De Oliveira/Ariza 2000; Abramo 2004; De la O./Guadarrama 2006). Estos debates han sido retomados en la actualidad por distintos autores y autoras para destacar la complejidad del trabajo en la sociedad contemporánea (Castillo, 2000; Castel, 2007; Standing, 2011; Munck, 2013). Esta distinción proporciona una ayuda innegable a entender de manera analítica y relacional las mutaciones en el plano del orden inmaterial y material del trabajo, la heterogeneidad de los procesos de precarización y flexibilización así como sus implicancias epistemológicas para los estudios del trabajo en América Latina (Cornfeld, 2006; Ghiotto, 2015).

El resultado de décadas de debate en América Latina respecto a este tema (Neffa, 2010; Mora Salas, 2010; Antunes, 2011), es que la simbiosis entre las políticas y la economía neoliberal-capitalista supuso la construcción e instalación de un modelo socioeconómico basado en la precarización social (como pérdida y erosión de las formas de protección social) y la precariedad laboral (como producto de la desregulación y degradación del trabajo). La diversificación de posibilidades de difuminación de este modelo se encuentra presente en las experiencias latinoamericanas, con diversos contrastes, excepciones y radicalizaciones.

Lo que es posible reconocer de manera transversal a escala regional, es que esta dinámica se expande desde el sector privado al sector público, reinventando las relaciones laborales, fortaleciendo los paradigmas de la flexibilización laboral, las identidades y los cambios en los modelos de producción/organización del trabajo. Por otra parte, ha impuesto la expulsión y el desempleo, así como zonas grises de integración, las cuales transitan entre empleos con escasa o inexistente protección social, seguridad y estabilidad, hacia zonas de desempleo, inactividad y desaliento, subempleo en la búsqueda de empleo.

Si bien en América Latina han existido distintas respuestas a la pregunta de ¿Qué es el trabajo? (Cárdenas, Link y Stillerman, 2012; Stecher, Godoy 2013; Ghiotto, 2015; De la Garza, 2016), la investigación de la realidad del trabajo evoca permanentemente fenómenos que se encuentran fuera de las contingencias que modelan las prácticas productivas. Las relaciones sociales y su significativa imbricación con las políticas neoliberales solventan la construcción de un imaginario social sentado en las desigualdades sociales y el desgaste de la cohesión social, lo cual pone en el centro del debate sociológico el espacio del empleo y el trabajo como ejes de la reproducción social.

En este número de CUHSO hacemos una convocatoria que reúna diversas intervenciones y apreciaciones sobre las nuevas problemáticas y enfoques en el mundo del trabajo. Para ello, consideramos como marco de referencia la realidad de América Latina, integrando contribuciones provenientes de distintos/as autores/as y latitudes del continente. Nuestro objetivo es generar una actualización de los debates centrales para el estudio del trabajo, considerando el siglo XXI como una nueva época de problematizaciones para el trabajo.

Coordiandores:

Dra. Ana Cárdenas Tomazic. Universidad Diego Portales.

Dr. Gonzalo Díaz Crovetto. gdiazcrovetto@uct.cl  Universidad Católica de Temuco.

Dr. Dasten Julián Vejar. djulian@uct.cl Universidad Católica de Temuco.

Plazo de recepción de artículos:1 de agosto de 2020